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sábado, 18 de agosto de 2012

¿Viste, Aída? Cuando amanece tan gris el día...




                                    A Aída   (y a esa historia de mi barrio)



Hoy amaneció lluvioso. Un gris plomizo invadió  este domingo de invierno y es precisamente un día como a mí me gustan. Cosa tan extraña ¿no? Digo, que sienta este placer inexplicable cuando el cielo parece a punto de largarse a llorar desesperado.

Cuando la sombra no se anima a aparecer del todo, pero está y se presiente.

Yo, que ando inventando sonrisas  en los momentos más angustiantes y que siento música hasta en los acordes del silencio. Parece contradictorio que sea en estos días cuando los recuerdos abren las puertas de mi ayer haciéndome sentir que llueven pétalos de infancia.

Me gustan los días plomizos tal vez porque me crié en días de plomo que caía inducido sobre nuestra historia pero pesa más el amor que el odio y la vergüenza.

Hoy, en este domingo que te cuento, me levanté como todas las mañanas, repitiéndome inútilmente que tengo que pensar en ir dejando el pucho como sea.

¿Dónde estará “como sea”?

Prendí el primero con la culpa de quien sabe que está haciendo algo mal (las culpas, ya sabemos, las metieron por todos lados, como para que aparezcan cuando disfrutamos algo y sobre todo cuando han sido la respuesta a montones de invitaciones previas)

Y lo que es peor todavía, porque uno sabe que se está haciendo mal, en este mundo donde si te ponés a pensar son más las cosas que te agreden, que las otras.

Como te decía, me levanté, tomé unos mates y fui a comprar ¡puchos! dejando la histórica reflexión, por enésima vez, para otro día.

¡Iba pensando que es tan lindo mi barrio! ¡Tan querible! Acá pasamos infancia y juventud, acá nacieron nuestros hijos y acá comenzaron a sorprenderse con cada paso descargado sobre estos senderos que llamamos vida, y que es maravillosa, aunque a veces golpee demasiado.

Nuestro barrio es como una cajita brillante de recuerdos imborrables. Todavía, si hacés un mínimo esfuerzo, podrás escuchar el chasquido de las escobas haciéndole cosquillitas a las veredas, cada mañana temprano, despertando a los gorriones.

Creo que el trash, trash de la paja contra el cemento era el que le abría los ojos, también, al día.



-Buenos días, doña Elsa ¿Y la nena?

-¿Qué tal coña Catalina? Ahí anda ese terremoto, en la escuela. Es terrible.

 (Aunque mi vieja y yo muchas veces empezábamos el día sin haber podido alcanzar el sueño, cuando fuerzas intolerantes entraban en casa buscando ideas escondidas. ¿Y el viejo dónde andaría? ¡Qué se yo!)

Te juro que muchas veces me parece escucharlas, todavía. A las escobas y a esas fuerzas, pese a que  estas últimas nunca lograron transformarse en pesadillas.

Nuestro barrio es como una bolita de colores mágicos, construida por  varias familias que  conformaron una sola. Una gran familia con los hijos desparramados, una tarde en cada casa.

Así crecimos todos, con varias mamás y varios papás. Entre caramelos de leche y bizcochuelos de vainilla, de casa en casa, de reto en reto porque hacíamos tantas travesuras como las que con los años repitieron nuestros hijos. Los vecinos hasta tenían el derecho adquirido   para regañarnos  sin que nadie se ofendiera.



Hoy al salir del quiosco de Piqui y Alicia me encontré con Aída.

¡Vieras que viejita hermosa! Cuánta ternura emana su presencia, con sus ochenta y pico   a cuestas  y todavía andando de compra en compra remolcando ayeres, testigo vivo, fundacional, de nuestro barrio.

Aída, abuela de sus nietos y un poco también de los míos.

¡Esa sonrisa de mi viejita dulce que no puede describirse! Como hizo toda la vida cada vez que nos encontramos,  tomó mi cara entre sus manos y me recriminó por el cigarrillo en la mano, pegando su frente a la mía, antes de besarme la mejilla con el mismo amor que recuerdo desde siempre.

Volvió a hablarme de un cuadrito que le hice hace tiempo, en mis épocas de artesana y que todavía tiene en su casa, fiel acopiadora de pasados tiernos.

Desde que se fue su esposo, jamás lo olvidó y pretende que tampoco uno lo olvide, por eso es que siempre nos lo trae cabalgando en un recuerdo. ¡Y cómo olvidarlo a don Pito, si su presencia te robaba una sonrisa cada vez que lo encontraras!

Mis hijos cuentan que todavía escuchan su silbido a lo lejos, como cuando él los llamaba agitando sus brazos despertando la ternura.



Siempre que te veo, Aída, siento que se abre la cajita de recuerdos y junto a ella aparecen mis viejos, doña Lidia y Nino, doña Anita, Josefina, Bety y Andrés, la Negrita. Pepe y Elda que ahora está con sus hijas en otro barrio.

Vuelven la Gringa y Nacho, doña Alicia y don Díaz, el farmacéutico. Los Andrada y los Miranda, don Santos y su esposa. Don José, el de las macetas floridas que le cargó el apodo “el Pibe Macetita”.

Doña María y Lisardo, doña Ramona, Andrés y Yolanda, doña Josefa y sus bendiciones, Lolo, doña Elsa y don Carlos, don Mingo, don Manuel, doña Catalina y Don Juan. Pocho, que se fue poco tiempo después que el padre de mis hijos, tal vez porque hacían falta jóvenes con poco más de medio siglo en las espaldas para ir a hacer un picadito, allá lejos, con los pibes que se nos fueron antes de tiempo, Pablito y Darío.

Chicha enfermita en tiempos de muñecas y sueños de mañanas. La que nos sorprendió con la cruda realidad que nos abofeteó tan duro. Supimos que a veces se  suele arrancar pimpollos, a destiempo.

Algunos  se fueron demasiado pronto, como abriendo caminos, tal vez para fundar un barrio allá, tan lejos, que hace falta un día plomizo, como este, para poder imaginarlo. Dejaron precipitadamente este barrio alegre y unido  cuando todavía podíamos dormir sin poner llave a la cerradura.

Cuando el vecino era un poco tu padre y las madres eran todas comunitarias, expertas sanadoras de rodillas raspadas y machucones en las piernitas.

Cuando la tarde era mate y las penumbras del día que se apaga, canto de grillos y aroma de jazmines trepando los muros. Cuando no teníamos rejas ni nos hacían falta.

Por ahí cuando lo funden,  a Donato quizás se le ocurra abrir otro almacén,  donde  irán los vecinos diciendo, nuevamente, “se lo pago la semana que viene”

Y Donato volvería a repetir “vaya tranquila señora”, agitando su mano como para alejar la vergüenza de pedir fiado  hasta fin de mes.

La plata nunca alcanzó a los trabajadores, condenados al sobresalto permanente. ¡Nunca!

Entonces, no hacía falta pagaré, tampoco garantía, tan solo la palabra, ese poder infranqueable  que marcaba un compromiso ineludible ¿Qué más hacía falta, por favor, qué más?  

¡¡¡ I-nol-vi-da-bles pedacitos de mi ayer y de mi siempre que tengo clavados como astillas que florecen, acá, en el centro de mi pecho!!!

Trocitos de historia tatuada en mi alma que el paso de los años no logró borrar como tampoco lograría si acaso fuera cierto que uno podría acceder a  otras vidas.



Pasaron los años, Aída y la palabra también  murió, pero por asesinato, creo que fue atenazada por la rigidez y la frialdad del plástico.

Nuestros viejos, en algún sitio, estarán creando nuevos jardines donde el aire se renueve constantemente como en aquellos donde correteaba nuestra infancia jugando a las escondidas. Aire que te pegaba en la cara antes de ser reemplazado por la penumbra de un cuarto entre jueguitos electrónicos insensibles al calor de la mano amiga.



Hoy nos encontramos, Aída, hacía rato que no coincidían nuestros pasos por la calle de siempre y eso que vivimos a pocos metros de distancia.

-Y claro, si cada vez estamos más encerrados, ensimismados, cada uno en su propio cascarón contaminado, te dije cuando me contaste que hace tiempo no me veías.

-Siempre pienso en vos, agregaste.

Y yo no tengo dudas, Aída. ¡No-tengo-dudas!



Sentir tus manos tiernas sobre mis mejillas fue el disparador de recuerdos grabados con el fuego del amor que ustedes nos inculcaron.

Y fijate una cosita, Aída, hoy   reprimí la emoción de decirte  gracias por ser parte de mi vida y permitirme ser parte de la tuya cuando colgaste mi cuadrito pintado con amor, como para que nunca me olvides y supieras cuánto te quise.

¿Te acordás que eso dije eso cuando te lo di?  

¡En cinco minutos quisimos hablar tanto que a uno se le olvidan algunas cosas.

 No, que bah, a vos no puedo mentirte. Es que decir gracias, a veces, hasta nos causa cierto pudor… ¡que tonta soy!



Hacías falta  vos esta mañana, Aída,  para que la maraña de recuerdos tejidos en mis venas se desboque nuevamente danzando un baile de ayeres incrustados.

Claro, viejita, hacía falta verte y hacía falta  que el domingo estuviera como este, porque ¿viste, mi vieja?

El barrio es hermoso pero cuando amanece tan gris el día…


























domingo, 5 de agosto de 2012

Sentencia

"Multiplicaré en gran manera tus dolores y parirás con dolor”.
Y con dolor los parió, nomás.
Y se hicieron hombres y mujeres en medio del dolor.
Y hasta los vio morir
cuando la guerra fratricida
reventó los espejos de sus almas.

Y vio a un hermano asesinando al otro,
inducido.
Y vio a un padre llorando sobre el despojo
humeante,
de lo que fuera su simiente
florecida,
disecada,
arrancada antes de tiempo
de la vida.

Y cuando alguien dijo, habrá un mañana,
ella volvió a temblar.
Y descansó su rostro entre las manos callosas,
recordando la sentencia:
“Multiplicaré en gran manera tus dolores…”

II

“Ganarás el pan con el sudor de tu frente”
Y no ganó ningún pan,
apenas las migajas que caían
del plato del gamonal.
Y recordó nuevamente
la sentencia…

III

"Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida".
Y fue caníbal el hombre y la mujer,
cuando transubstanciaron el pan
diciendo que era el cuerpo del Padre.
Y fue vampiro cuando se bebió la sangre
Transubstanciada también.

Y siguió multiplicándose el dolor
por esta tierra.
Y ella volvió a recordar
tantas sentencias

sábado, 14 de julio de 2012

El bumerang




Una noche y en una de sus poco habituales salidas juveniles, Anna conoció a Franz.



Ella era una mujer bellísima, dotada de una serie de virtudes que hacían que para cualquier persona, estar cerca suyo, fuera sentirse alcanzada por una estela de amor.



Cuando conoció al que sería su esposo, pensaba que sus manos delicadas podían tocar la textura del cielo, estaba enamorada del hombre, desde el alma. Quien estuviera cerca suyo habría de verla feliz, volviéndose su sonrisa mucho más tierna de lo que se notaba antes del hallazgo.



Por esas cosas de la vida, con el tiempo, el hombre dejó al desnudo su faceta más negativa: era golpeador, borracho y pendenciero. Había heredado de su padre esas características tan lamentables, Anna y sus hijos conocieron el destemple de ese personaje agresivo.



Cuando Franz murió, la gente del pueblito que habitaban, comentaba en voz baja casi con solemnidad -Por fin Anna va a descansar, Dios se acordó de ella llevándoselo de una vez por todas. Y sí, la vida es un bumerang, hizo tanto daño a esa familia que al final le llegó el castigo de la muerte. Pagó por todas sus maldades como es lógico.



Anna murió dos años después víctima de tuberculosis en épocas en que la enfermedad no tenía cura.



-Dios la llevó con El, decían los vecinos, era demasiado buena para esta tierra y con lo que sufrió con ese degenerado tiene merecido el descanso final. Ah, sí, el pagó sus culpas con la muerte, agregaban otros. La vida es un bumerang, todo va y viene.



-¿Ella tuvo algo que pagar? Preguntó un jovencito que escuchaba los comentarios sotto voce. Recibió como respuesta a su blasfemia, la daga de las miradas.



De esa historia quedaron dos hijos, Lenna y Petar.



La muchacha se mudó a otro pueblo y con el tiempo todos la olvidaron. Petar quedó en el hogar donde pasara su infancia y adolescencia.



Años después, Petar, conoció a Sophie, se casaron y tuvieron tres hijos varones.



Petar, como buen hijo –y nieto- de golpeador, también lo fue. Sophie no era tan amigable como su suegra pero tampoco podía decirse que fuera una mala mujer, lo que sí, se recuerda, es el padecimiento por la violencia que recibiera de su esposo.



El murió a los cincuenta años, mientras lo despedían, las voces del pueblito rumorearon nuevamente:



-Este hombre fue muy mala persona pero ya vimos como terminan los malos, muriendo como perros y Sophie podrá vivir, de ahora en más, mucho más tranquila. Dios hace que en esta vida todo se pague, todo va y viene, la vida es un bumerang.



Ella murió al año siguiente, a nadie se le ocurrió pensar que más allá de bumerang que regresan los castigos inflingidos, la vida tiene un final y es inexorable.



Petar fue padre de Alois quien con el correr de los rumores y los años, tuvo un hijo no reconocido con Klara, de 24 años. El tenía 52 y como es lógico, heredó las pésimas costumbres de su padre y abuelo. Conoció a varias mujeres con las que se casó cuando iban muriendo las anteriores.



Con la última tuvo un hijo que llamaron Adolph, como era de esperar fue el heredero de historias de odio-amor, perversiones y agresividad.



El cachorro de bestia, víctima de padecimientos y de los efectos del bumerang que todo lo que arroja a la larga y a la corta, vuelve, puso en jaque a su pueblito y a los pueblos vecinos.



Su paso por esta vida dejó un tendal que la historia recogió, a medias, en sus páginas gastadas por el paso de los años.



Sembró semillas de odio y destrucción, fue alimentado desde la aberración para matar a la esperanza que avanzaba arrasando la crueldad.



Sus frustraciones quedaron al descubierto en cada paso que daba, idolatrado y odiado, amó al terror y lo vistió con ropaje festivo, lo meció en la cuna de su cerebro pútrido. Murió porque el famoso bumerang “devuelve” todo el mal que uno hace cuando su paso transitorio por la vida va dejando estelas.



Tal vez como heredero de una historia macabra arrastró las cadenas dejando surcos de muerte y dolor.



Pena que antes de irse llevó a muchos en marcha apresurada y nadie puede asegurar que hayan sido legatarios de historias de violencia, ni cultores del odio, sino simplemente hombres, mujeres y niños alcanzados por el fuego feroz de la xenofobia.



¿Será que las propiedades justicieras del bumerang no son tales, sino un elemento más en la extraña compulsión aterradora de ritos oscurantistas que pretenden instalar el terror a través de las culpas?



-Adolph, al menos tuvo la suerte de no ser torturado, a diferencia de tantos a los que el bumerang les pega en la cabeza, el vuelto por sus transgresiones… murmuraba Iván mientras leía el periódico en el que anunciaban la muerte del genocida.

miércoles, 4 de julio de 2012

La presencia


La presencia


No sé si es hombre o mujer, tampoco sé si es bestia. Sólo imagino su odio encarnizado y sus ansias de sed, incontrolables.

La presencia, diré, saciaba su gula  encadenando flores, salpicando horizontes, arrancando mañanas en aborto feroz de madrugadas.

Cabalgaba sobre nubes de odio desatando tempestades y dejando su semilla germinada  convirtiendo al mundo en un tormento.

Aniquiló historias arrancando hojas de las que serían las páginas futuras.

¡O agregando hojas, tal vez!

¿Quién no te dice que algún ayer derrumbado vuelva a renacer de sus cenizas?

Con paso firme, la presencia, lanzaba rayos de odio iluminando el confín donde  algún arco iris descolorido agonizaba su brillo, taponado por vómitos de humo. De momento.

Pese a tanto, hay algo que no pudo esa presencia intangible pero viva.

Lejos de su cueva abominable algo indicaba que la historia aún no había terminado.




viernes, 13 de abril de 2012

Hoy me pesa la vida...

                                                                                                      



De pronto me parece que me pesa la vida.

             Se me apagan las rosas,

             se oxidan las camelias

mojadas por mis lágrimas que quise, sean  caricias.



De pronto me aparece la luna apelmazada,

              entre lucero ausente

              y aire que se ahuma

revolcando a esta alma entre alambres de púas.



Regresan revoltijos de recuerdos pasados

que estaban enterrados, o al menos yo creía.

              Llegaron galopando de nuevo en esta espalda

              encallada, partida, que ya ni siento mía.

Bailando entre las llagas que abrieron, algún día.



Canto mi marcha fúnebre aunque se que estoy viva

¡Se hace mi verso tan triste, desabrido,

en esta tarde triste de llovizna y esquirlas!

Aunque sigue la vida su baile cotidiano,

hoy me pesa la vida

Y me lastima… entre una luna seca, desabrida.

viernes, 6 de abril de 2012

¿Me habrá mentido la abuela?

En las tardes empapadas de amor y mimos manteníamos con la abuela largas charlas de “mujer a mujer”. Ella me ayudaba a descubrir el mundo que recorría a tropezones, calmaba los magullones de mis rodillas peladas tras los juegos y la tibieza de su mano, cuando las acariciaba, hacía que se aleje el dolor que me “laceraba”.


-Sana, sana, colita de rana/ si no sana hoy/ sanará mañana.


Y al ratito nomás, las rodillas no dolían y lo único que quedaba, persistente, era el olor a mandarina y a chocolate en esas manos pequeñas apresuradas por crecer para estrujar el mundo en un instante. O eso creía que podrían hacer los grandes.


Atrás quedó la magia de esa rana misteriosa que calmaba los dolores.


¿La habrá corrido la tala de los montes fumigados?


Atrás quedó el discurso de mi abuela, que el trabajo dignifica, Y un día me puse a pensar, ¿Aunque seas un explotado?

Acaso si fuera cierto ¿habrá que ver como indignos a quienes que les fue negado, o son des-dignificados? ¿O tal vez, avasallados.

A mí me contó la abuela que un Niño Jesús nació en un diciembre lejano, en una cuna de paja y rodeado de animales y que ricos Reyes Magos lo colmaron de regalos. ¿Los Reyes donando algo, a los pobres, compañero?


Y que su madre era virgen y su padre carpintero. Y que tenía ocho hermanos. Y que por amarnos tanto lo clavaron a un madero.

Que alguien se lavó las manos cuando quisieron matarlo.


Que María Magdalena mojó sus pies con su llanto, después que usaran su cuerpo cuando la prostituyeron. Que practicó la humildad y con clavos respondieron.

En este giro del mundo siguieron matando a hombres que querían cambiar algo. Y hay quien se lava las manos cuando alguien quiere matarlos. Y se las siguen lavando ante los niños con hambre.


Y las guerras y el espanto, mirando para otro lado.

Donde Jesús ha nacido ahora erigieron un muro para que no lo traspasen, sus hermanos palestinos. Y el amor, se lo olvidaron.

¿Será que lo secuestraron a Jesús? En este mundo.

Si es que nació en un pesebre, entre ovejas y borricos.

¿Quién lo puso en catedrales revestidas de oro puro?


¿Quién lo llenó de esmeraldas, para qué? yo me pregunto.


¿Alguien conoció a algún pobre, que de muerto se haga rico?

Dicen que en Oriente Medio, buscando entre los recuerdos, en el rostro de esa gente, vio su rostro tal cual fuera, sin rasgos europeístas, sin ojos color del cielo.

Si luchaba por amor en la tierra desangrada, ¡si fuera contemporáneo, le dirían terrorista!

A Jesús lo asesinaron, descalzo como viviera. Hoy hay pequeños descalzos, y también los asesinan. Por hambre, droga, silencio, o por gatillo ligero. Y a veces hasta los violan con sotanas,


Y sin ellas.


¿Será que se multiplican, los Jesús, por estas tierras?

Mi abuela habló de la vida, igual como le enseñaron, ella lo hacía con ternura ¡y yo tanto la escuchaba!


Hay algo que no me cierra en su historia, compañeros, ¿me habrá mentido la abuela, o a ella me la engañaron?

domingo, 19 de febrero de 2012


¡¿ Y yo qué culpa tengo que lo golpiaron a PERÓN?!
(Parte I)



©Nechi Dorado



Apareciste de pronto, realmente no te esperaba  pero aquí estás y hasta lograste conmoverme. Recuerdo, Yiyita, tus  ojos del color del tiempo, capaces de desorientar a quien se detuviera en ellos. Los días en que el sol se enfurecía cayendo a plomo entre tanto plomo, sobre esta tierra llena de puntos que caminan hacia quien sabe dónde, daba la sensación que un pedacito de ese cielo inexpugnable se enredaba en tus pestañas.

En otro momento y vaya a saber por qué fenómeno, se convertían en el símil de dos uvas verdes, y los días en los que ese sol parecía estar en huelga, adquirían un tono grisáceo comparable al del acero. Hay teorías científicas que lo explican, yo las desconozco. Sólo se que tu alma también se fue convirtiendo en acero poco a poco.

Creo que esos días grises pretendían hacer docencia con vos,  como para que aprendas que en la vida también existen los matices. Intento vano ya que jamás has aprendido  que la paleta de colores,  está llena de términos medios y según dicen, nada es tan negro o tan blanco, tan bueno o tan malo. Tan determinante.



Hoy, buscando un documento en el cajón del escritorio que, pese a los años, mantiene su brillo intacto a diferencia nuestra, encontré un viejo cuaderno Rivadavia. La curiosidad y el olvido hicieron que me detenga en sus hojas, hasta casi producirme un desmayo.

¡Era tu primer diario, Yiyi! Ese que te dio tu madre para calmar el ataque de celos provocado por el regalo que le había hecho a tu prima Griselda. O Pochi, como la llamábamos.

No te conformó del todo pero mami tenía la inteligencia como para hacerte entrar en razones y explicarte lo que hacía falta que supieras, a medias. Lo otro fuiste aprendiéndolo desde muy pequeña en base a tus propias vivencias apresuradas.



Recorrí sus páginas y fue volver a recorrer tu vida. De pronto sentí como si comenzara una danza de  recuerdos insepultos que dormían su sueño  interrumpido por mi necesidad, a tal punto, que hasta olvidé qué cosa era la que estaba buscando antes.

Regresó tu histórico atropello, Yiyi.

Regresaron tus trenzas que parecían de oro  hasta que las destrenzó tu entrada en la adolescencia.

Regresó como un fantasma tu guardapolvo cuya blancura duraba apenas unas horas. Parecía tener un imán que atraía las manchas que escapaban del tintero, cuya carga azul demostraba sentirse más cómoda sobre las tablas almidonadas de tu pecho, antes de rodar hasta los zapatitos de cuero marrón con los cuales tus piececitos pequeños pisoteaban los caminos bordeados de púas.

Regresó el aroma de los alfajores de dulce de leche que acompañaban la merienda junto a tus amiguitos del barrio.

Regresó la mano de la abuela haciendo cosquillitas en tu espalda hasta que te dormías en su regazo a la hora de la siesta, más allá de que la media tarde fuera fría o cálida.

Tu diario de “tela de vaca”, como llamabas al cuero, está en mis-tus manos. Es donde fuiste dejando fragmentos de una infancia difícil pero que con los años sentiste como la herencia mejor que te dejaran tus padres. El amor a la lucha, Yiyi, late en tu sangre de mujer, se agita revolcándose en tu historia donde conviven pasado y presente, ambos convulsionados.

 ¡Pasaron y pasaste tantas cosas! y esas son las que te hicieron fuerte, tan fuerte, como para no derrumbarte en la senda sembrada de espinas cuando los vientos de odio recrudecieron su fiereza.

Siento que profané tu secreto, el que empezaste a entretejer un día de marzo, con siete añitos estrenados hacía pocos meses y mientras la intolerancia iba dejando pisotones imborrables en tu pequeño corazón de niña inquieta que fue convirtiéndose en mujer, entre ideas y acción, chocolatines y el amor de los abuelos, tíos y primos.

Y muchas lágrimas que parecen brillar entre las páginas que recorro, que brotaban, tal vez, los días en que tus ojitos se veían grises como el acero fundido en el horno de la resistencia.

Voy completar tu diario, chiquita, volveremos a unirnos como si los años no hubieran pasado. Como si volviéramos a ser una, aunque tal vez nunca dejamos de serlo, ambas sabemos que el tiempo no logró atraparte en la telaraña del olvido…







Jueves 8 de marso de 1956



¡¡¡Hola diario querido!!! Mucho gusto mucho tenerte yo soy Yiyi y tengo 7 años y vos no sos como yo queria pero igual te voy a querer ¿sabes?



Mi mamá me regaló esto que de diario no tiene nada a mi me gusta mas el que le regalo el otro dia a Pochita mi prima. Ese si que es un diario hermoso todo de tela de vaca marron y una serradura bien chiquitita con llavesita tambien chiquitita porque si es mas grande no entra en el aujero.

Se ve que a los diarios se les escapan las letras y por eso hay que meterles llave. Como yo le dije que por que no me compro uno a mi si Pochita es mi prima pero yo soy la hija  mi mama me dijo que todavía soy chiquita y eso que ya tengo 7 años. Entonces me dio este cuaderno rivadavia y me dijo que cuando sea mas grande me va a regalar uno como el de Pochita que tiene las hojas mas suavecitas que vos. Se ve que el diario es raro porque no tiene rayitas y este cuaderno si que tiene entonces puedo escribir mas derechito porque si no me voy para arriba.

No importa diario mio que no seas tan lindo, yo te voy a querer igual y todos los dias te voy escribir cositas. Ma tambien le dijo a Pochita que no lo tiene que ver nadie porque el diario es intimo asi que puedo escribir lo que quiera y me parese que yo tambien unque no tengas tela de vaca ni cerradura igual vas a ser intimo y vamos a tener muchos secretitos.

El sabado vamos a ir a Del Viso a la casa de los abuelos y de los tíos vamos en tren porque es lejos. Ojala el boletero me regale la pila de boletos como asen algunos boleteros asi yo juego después con mis amiguitas. Como los boletos van a ser mios yo se los presto si quiero.

Pochita biene con nosotros pero si me porto bien nunca le dicen a Pochi que la que se tiene que portar bien es ella y eso que siempre se hace la mandona.

Papi tampoco vino anoche y yo no se donde esta desde hace muchos dias y lo estraño mucho.

La maestra me mando un monton de deveres y si no los hago ma me dijo que no te voy a poder escribir por muchos días. Me parece que quiere echarte la culpa a vos si me va mal en la escuela. Cuando venga papi se lo cuento todo pero siempre tarda y yo lo espero.

Chau diario.



Domingo 11de marzo de 1956



Diario feo pero que te quiero igual:

Ayer y antes de ayer no tube ganas de escribir porque jugué mucho con las chicas. El papá de Elisa nos yevó al soologico. El papa de Elisa es polisia el mio no pero el papa de ella nos lleva y mi papa casi nunca esta en casa y cuando biene se va rapidito. Trae un bolso y se ensierra con mami en su cuarto para guardar las cosas que trae y después se va.

Mi mama a beces dise que por ahí bienen los hombres malos y que para que ellos no rebisen la casa yo me tengo que ir a la cunita de cuando era chiquita y que esta en el cuarto de mama.  Yo a veses me quedo dormida y no los beo pero cuando me despierto veo que esta toda la ropa tirada en el cuarto y mis juguetes y todos los libros que tiene mami y tambien las cosas de mi cuarto.

A beses bienen cuando estoy despierta y tienen unas armas mas grandotas que las que tiene Marito cuando jugamos al poli ladron y eso que el tiene una bien grandota que le regalo el abuelo.

Cuando vengo del cole mi mama ya junto todo pero se be que le cansa porque esta muy triste.

Cuando biene abuelita yo estoy en el cole y ella siempre me va a buscar.

Como llueve mucho no puedo salir a la calle a jugar entonces te puedo contar un monton de cosas.

Un dia que yo era mas chiquita pasaban aviones por arriba de la escuela y todas las mamis iban gritando asustadas a buscar a los chicos pero mami no me fue a buscar y yo miraba para todos lados y eso que la escuela quedaba a una cuadra.

Eso es muy lejos porque yo tengo un portafolio pesado.

Las mamas de los chicos eran unas escandalosas porque gritaban yo caminaba comiendo un chupetin y un poco me asuste pero no tanto.

Cuando la vi a mami yo le pregunte por que no me fue a buscar y mami dijo que no hacia falta que yo nunca tengo que tener miedo a nada.

 Igual la abuela me estaba esperando en la otra cuadra y me also a upa y me gusto mucho porque me daba besitos en la carita. Abu lloraba y yo no le pregunte nada.



Cuando yegue a casa estaba papa con cuatro compañeros que  yo conosco del sindicato y papa lloraba apoyado en la mesa del comedor. Ademas estaba don Juan que vive enfrente y Josefina y Bety que viven al lado y son muy amigos de nosotros. Y estaba la mama de Beba. Yo pensé que era como una fiesta.

Cuando me vieron todos me dieron un beso fuerte que me chiflo la orejita y me dijeron anda a jugar un ratito Yiyita.

Siempre cuando vuelvo de la escuela tengo que lavarme las manos para comer pero ese dia no.

Despues venia mas gente y la mama de Elisa me invito a comer nos hizo la comida a las tres porque Elisa tiene una hermana que se llama Isabel y tambien estaba el padre de ellas que es policia y comimos todos juntos pero yo pensaba por que yoraban todos en casa y no tenia ambre.

Papi nunca yoró y disen que los ombres nunca yoran pero la abu dise que si que yoran y porque son muy ombres. Yo no entiendo masnada

Despues mami me dijo que estaban tristes porque no se que de golpe le hicieron a PERON y en mi casa mami y papi siempre cantan la marcha peronista y yo me la aprendi toda.

Papi se quedo un rato largo yo estaba bien en la casa de Elisa pero después queria ir a la mia me pelie con ella me fui.

No digas nada diario pero en la puerta de casa habia un jeep y estaba lleno de armas y yo se lo grite a Elisa porque estabamos peliadas y ella siempre me dice mi papa es policiaaaaaaaaa y tiene una pistola asi de grande. Y ese dia yo le grite desde mi casa mi papa tiene este jeep yeno de armas y el tuyo tiene una sola pistola.

Mami estuvo mal ese dia porque me agarro de las trenzas y me metio adentro. Mi papa me dio muuuuuchos besos y se metio en el jeep y se fueron re rapido y el jeep hiso mucho ruido. Yo grite fuerte locos como vanandar  asi de fuerte pero no me escucharon.

Mami y la abuela se quedaron yorando y para que se pongan contentas yo le cantaba la marchita y a la tarde la abuela me hizo una torta para que yo no yore.

 Y no yore pero al otro dia cuando fui a la escuela todas las seño me preguntaban como estaba papi y  yo les decia que estaba trabajando y que me iba a yebar al soologico. Y ellas no se dieron cuenta que yo decia mentiras porque papi no volvio a casa muchos dias y mami decia que era porque lo golpiaron a PERON.

¿y yo que culpa tengo diario si lo golpiaron a PERON?

Chau diario me voy a jugar porque paro de llover y ya esta Marito en la calle llamandome.



Martes 13 de marzo de 1956



Diario vos debes ser magico porque mami le dijo a Pochita que el diario nadie lo tiene que ver porque es intimo pero a mi me apareciste en otro lado y correjido un poco se ve que tenia algunas faltas.

Mami hoy me dijo que tengo que leer un libro todos los meses y una hoja de diario todos los dias para no tener faltas y para aprender. En el cuaderno del cole no tengo faltas porque escribo mas despacito pero el diario lo escribo rapido parapoder ir a jugar.

Me dio un libro que se yama el AHORRO y tiene un monton de historias empese por la que estaba en el medio y era un chico que guardaba siempre una monedita en la alcancia y no las gastaba nunca.

Mi abuela me regalo una de chanchito y me guarda moneditas que no se pueden sacar porque hay que romperlo y a mi me da lastima. Es muy lindo mi chanchito alcancia que se rie y tiene la colita como una e.

Diario no escribo mas hoy estoi triste. Pa tampoco vino y mami no sabe donde esta y la abu tampoco.

Bino el tio Yalito y yo lo escuche que decia que papi no piensa en la hija y la abuela le dijo que mi papi es igual a mi abuelo. ¡¡¡Tio me puso un billete graaaande en el chanchito!!!! Y eso que tambien estaba triste porque el trabajaba con PERON y con Evita pero desde que lo golpiaron a PERON mi tio no se va como mi papi y eso que son ermanos.

Tengo una pila de deberes y si no los ago mami te esconde a vos diario querido.

Chau



Lunes 26 de marzo de 1956



Cuantos dias que no te escribi diario querido. Pero estoy muy triste, todavía no bino pa y lo estraño muuuucho. Mami y la abu también, yo las escucho que dicen quien sabe donde estara ojala no le pase nada. Y don Andres siempre viene a buscar ropa para yevarle a pa. Don Andres vive al lado de mi casa.

Y ma le da mansanas y Josefina le hace sanguchitos y no se donde se lo yeban si nadie me dice donde esta.

Yo no se que puede pasarle si ya es grande y sabe cruzar bien la calle.

Anoche binieron los hombres malos y yo estaba despierta pero me tire sobre la cuna y me ice la dormida como otro dia. Yo escuche que uno le gritaba a mami y tenia ganas de ir corriendo con ella pero se que después se iba a enojar y me quede cayadita.

Mami les dijo cuando vinieron al cuarto esta la criatura durmiendo. Los tipos corrieron mi cunita y empezaron a buscar yo no se que. Y uno le dijo a mami que me tenia que cuidar papi no el.

Me dieron ganas de pegarle porque papi siempre me cuida cuando esta en casa, si el tipo seguro que ni lo conose.

Hoy fui al cole y otra vez las seño me preguntaba como estaba papi y volvi a mentirles les dije que estaba bien y que ayer me regalo una muñeca y me la habia regalado la abuela. Las seño ni se avivaron que les menti.

Mami dice que no hay que mentir pero a veces se puede un poquito. Y me dice que hay que ver oir y callar.

Desde que lo golpiaron a PERON muchas cosas me dejan hacer pero no puedo contarle a nadie que mi papi guardo unas pistolas y balitas en mi cunita y un monton de papeles que yo tapo cuando me hago la dormida.

Cuando viene papi y mami le cuenta que vinieron los hombres malos y que yo me hice la dormida papi me levanta en brazos y me dice que yo soy la mejor de todas las nenas. Yo le digo que igual quiero un hermanito pero no me lo traen. Y eso que todas las noches se lo pido a tata Dito que abu dice que está en el cielo y cuida a los niños.

Pero a mi nunca me escucha y la foto que tengo de tata Dito la voy a romper toda.

Chau diario magico que me corrije las faltas!!!!



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