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lunes, 22 de julio de 2013

La rebelión de los formícidos











Nechi Dorado

Ilustración: obra gentileza de la artista visual argentina Beatriz Palmieri: “El mantel y las hormigas”

El pequeño ejército rumbeaba hacia el enorme parque,  como lo hacía todas las noches a la hora en que la luna se despereza para encender  las lucecitas del cielo.
Los diminutos seres sabían que a esa hora la cocinera sacudía el mantel de hilo bordado a mano, del que caerían las migajas que sobraban de los suculentos banquetes al que asistían otros insectos  bípedos y de mayor tamaño. A diferencia de los primeros, estos últimos, por ser de hábitos parasitarios, carecían de los  mínimos conocimientos sobre lo que representa la organización social y la división del trabajo, cuestión que tan bien comprendieron los primeros, llevándolos a la práctica a través del tiempo.

-Caramba, dijo la hormiga más despierta, la que tenía el espíritu crítico muy desarrollado y que pretendía inculcar,  sobre todo, a las más tímidas de la organización. ¡Siempre las migas, las sobras,  nunca se le caerá un trozo completo!
-Es cierto, respondió otra con fama de timorata,  agregando - pero tendríamos que dar  gracias porque al menos caen estas migas riquísimas.
-¿Agradecer qué?  ¡Tonta! respondió una tercera  que gustaba de imitar a la más crítica.  ¡Esto es lo que tiran, son sus desperdicios!  ¡Es hora de  empezar a exigir algo más porque nos corresponde! ¡Somos tan insectos como ellos!  Concluyó exaltada.

-¿Nosotras, con esta pequeñez qué podemos exigir? Preguntó la timorata abriendo los ojos más de lo imaginable.
-¡Mil veces tonta! Somos pequeñas, claro, ¿pero, acaso pueden esos grandulones organizarse como nosotras? ¿Acaso han dado muestras de sabiduría a lo largo de los años? ¿O es que  no viste como se van destruyendo poco a poco? ¿No te das cuenta que nos temen tanto que hasta para deshacerse de nosotros utilizan armas que los van exterminando a ellos también? ¡Son tan imbéciles como prepotentes!

Mientras se endurecía el diálogo  y algunos soldaditos  cargaban las migajas sobre sus hombros frágiles, en apariencia, los insectos más curiosos formaron una ronda alrededor de la revoltosa dispuestos a recoger su enseñanza.
Siempre era lindo escucharla, sobre todo, porque sabían bien que desde su más tierna juventud fue coherente con sus discursos. No hubo migaja que  comprara su conciencia ni siglo que modificara, lo que sabía, era inmodificable.  Solía decir, con total convicción, que el poderoso siempre es poderoso y lo seguirá siendo hasta que el insecto se subleve. Y agregaba enfáticamente, que  para serlo, debió pisar antes a muchos como ellos.

 -¡Escuchen bien! Exclamó sin temblor en la voz y convencida de que la hora había llegado y había que asumirlo.
-¡Deberíamos estar cansados del reparto de migajas  que hasta hoy conformó a algunos, es hora de tomar el comedor por asalto! ¡Estoy harta de esperar que sacudan sus manteles!  ¡Harta de que nos pisen y sigan como si nada!  ¡Harta de que nuestros viejos hayan muerto sin conocer las delicias que a ellos les sobran, siguió arengando!

-¡Sí, sí, sí, estamos hartos!  Apoyaba un coro que cada vez se escuchaba más fuerte.
Uno a uno, cada miembro del diminuto ejército se aprestó para cumplir con su tarea. La consigna fue escuchada y de todos lados comenzaron a aparecer soldados con sus aguijones cargados de piperidina, esa que hace arder y saltar las lágrimas cuando se incrusta.

A la mañana siguiente, cuando los dueños de la hermosa casona se encaminaban hacia  el parque para empezar su gimnasia aeróbica diaria, descubrieron la interminable fila de hormigas que como una serpiente negra recorría el enorme jardín.
 -¡Lucía! Gritó con voz de asco el apuesto dueño de la mansión,  llamando a la mucama. ¿De dónde salió esta cantidad de hormigas?  ¿Usted está otra vez sacudiendo el mantel en el parque? Preguntó bruscamente mientras llevaba su mano hacia la pierna izquierda donde la piperidina ya había dado  muestras de excelente calidad.

La fila seguía avanzando mientras Lucía comenzó a espolvorear el césped con un potente hormiguicida que le hacía arder la vista y que caía como fina lluvia letal causando algunas bajas en el combate desigual. Otra hilera de insectos comenzaba a socavar los cimientos que mantenían en pie la casona.
-¡Pronto caerá! decían dándose fuerzas unos a los otros, ¡pronto caerá! repetían los que se sumaban a la epopeya cargados de esperanza. Sin embargo, no parecían tener apuro aun sabiendo que la correlación de fuerzas no les era favorable.

 -¡Sabrán que no se debe minimizar tanto los derechos de los más desposeídos! Gritaba un ejemplar tratando de mantener la moral de la tropa en alto.
Aprovechando la confusión, la columna que dirigía la llamada revoltosa,   había copado el comedor. Comenzaba a trepar por las patas de la mesa enorme, de algarrobo lustrado, donde reposaban las sobras del desayuno suculento.

Pasaron muchos años, pasó mucho coraje y mucha bronca. Hasta donde pude saber no volvieron a caer migajas del mantel de hilo blanco bordado a mano. Me parece que en realidad ya no hizo falta.

Metros más adelante, desparramados sobre el césped yacían los escombros de lo que en algún momento parecía haber sido una hermosa casona. La luna, ya desperezada,  comenzaba a encender las lucecitas del cielo.















































































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miércoles, 26 de junio de 2013

Tiempo de oráculos desvirtuados


Obra de la artista plástica argentina Beatriz Palmieri "El viejo oráculo"

Nechi Dorado

Se vivían días de zozobra. El oráculo temblaba carente de respuestas  ante la andanada de preguntas escupidas por los dioses. ¡Tal era el lío!
Que si no, que si, sí.
Que quién sabe; que yo sí, se.
Que aquello es así; que lo otro es asao.
Que: ¿qué me van a decir si al final quién sabe más que yo? Ninguno.
Los interrogantes vertidos desde la soberbia más irracional parecían espirales en las que se trenzaban las respuestas ahorcándose mutuamente. Unas tímidas, las otras más atrevidas pero sin dejar de ser las mismas que propinaran desde años atrás, cuando llegaba la época de las consultas desesperadas y el oráculo desvirtuado, chorreando aceite rancio, comenzaba a dar sus vueltas vacías.
Algunas interpelaciones sonaban como edulcoradas, pretendiendo contrarrestar a las otras donde el azúcar se convertía en una especie de melaza que resultaba amarga de tanta dulzura. Dialécticamente empalagosa, pegajosa. Demasiado.
Tan falsa como la edulcorada.
Algún pitón desdentado, asexuado,  con su trasero apoyado sobre una roca fría, áspera como la realidad que se desarrollaba en ese tiempo de mañanas inciertas, sonreía mirando un futuro incipiente condenado a nacer tan maltrecho como el pasado donde había sido engendrado.
Mientras tanto, el oráculo seguía danzando su monótono giro repetitivo, aburrido, casi anquilosado, sin atreverse a asegurar qué carambas iría a deparar el futuro cercano que pudiera ser diferente. Nada.
Una tormenta anunciada seguía durmiendo su siesta dejando boquiabierta a la profecía que la anunciaba irresponsablemente. La tormenta sabía bien que aún no había llegado su tiempo. ¿Valía la pena  dejar su marasmo en medio de semejante revuelo?
Gnomos del bosque de cemento charlaban divertidos, restándole importancia al concilio de profetas iluminados por halos de insensatez  extrema, que como siempre, seguían elucubrando fantasías apocalípticas. Estúpidamente agoreros.
-Esta pelea no es nuestra, comentaban. Al fin, todo seguirá como hasta ahora.
De momento.
Ilustración: pintura de la artista visual argentina Beatriz Palmieri, “El viejo oráculo”

miércoles, 17 de abril de 2013

¡Plantar banderas!




Nechi Dorado
 
El Leviatán, acovachado en el presente
que pierde, inexorable,
lanza aullidos hacia donde despierta,
nuevamente,
la voz de América toda,
unida en la victoria.
 
Surca su mar de inmundicias,
arranca granos de arena de la historia
y se revuelca confundido
en su propio excremento.
 
¡No ha podido alcanzar aquella sucia gloria
elucubrada en la oficina de la muerte!
 
América despierta nuevamente,
desperezándose en mañanas de promesas,
arranca gritos de amor
siembra esperanza,
y nada puede detener el galope que arrastra
el brillo de una Espada que surca el continente.
 
Entre el sonido sublime de las cadenas rotas
se escucha un dulce trino que acaricia a la vida,
vuelve veloz, arremetiendo a contraodios,
venciendo al Leviatán,
cerrando heridas.
 
Se unen las manos, se vuelven de repente
Puño cerrado, puño de acero y sangre,
Puño de patria o muerte,
¡Puño de patria y vida!
Amasado en barricadas de amor y de conciencia.
 
Las lágrimas que ayer mojaran las mejillas
estrujando corazones,
se convierten, de repente, en
sustancia, conciencia y compromiso.
Los fusiles se aprestan
A disparar palabras.
¡Solo eso disparan, palabras y alegría!
 
Un grito unido de amor rompe fronteras,
ensordeciendo a la bestia
que cae desplomada por su propio peso.
Más allá de intrigas y ambiciones:
 
¡Aquí, Latinoamérica señor,
Aquí, Latinoamérica,
Vuelve a plantar banderas!
 
 
14/04/2013

martes, 19 de febrero de 2013

Cuca y el nido alborotado







Nechi Dorado

Una tarde serena, de esas que hacen pensar que el mundo se detiene ante tanta calma, el nido también se alborotó.
Aunque en realidad el que estaba como detenido era el mundo humano, o lo más parecido a ése. Pero el nido también formaba parte del orbe. Era un submundo del cual emergían insectos con acceso a las altas esferas gracias a esa persistencia que tienen algunos bichos capaces de trepar, volar, confundir, alterar, hasta alcanzar sus propósitos por más repugnantes que parezcan.
Esos “parásitos” de la orden de los  dictiópteros, nocturnos y corredores, que muchas veces también salen de día,  vale asegurar que nunca están quietos. Contradiciendo las teorías del hombre que cree haber alcanzado todo el conocimiento, toda la sabiduría, pero que en realidad no ha logrado  la capacidad necesaria como para introducirse por agujeros minúsculos, tan abocado como está a los grandes descubrimientos.

La cucaracha mayor a la que todos llamaban Cuca cariñosamente, dijo que era llegaba su tiempo de descanso y que habría de cumplir con eso. Sugirió que otra debería tomar su lugar y esta situación exigía rapidez de acción. En ese momento y luego de esas palabras, comenzó la agitación.
Su actitud despertó la conmoción, mucho más la incentivaron los argumentos que utilizara el insecto para detener ese camino tantas veces recorrido, atravesando los albañales, basurales y todo lugar donde hubiera comida o desperdicios.
Cuca no se esforzó por crear argumentos válidos, simplemente se despidió  parafraseando aquel aire popular mexicano que decía “la cucaracha ya no puede caminar”.
La originalidad no era la característica del insecto o insecta, no se, porque las cucas son seres asexuados, me contaron.
Todos los bichos del nido sabían que era una mentira, sus patitas, aunque más lentas, bien podían seguir trasladándose. Además, ella era la Cuca reina, no era importante que se moviera sino que dirigiera y eso, hasta aquella tarde, lo venía haciendo muy bien. De hecho cuando fue elegida reina del nido, alcanzó ese sitial por su impecable trayectoria. (Uno muchas veces minimiza a esos insectos y ese es un error tremendo, porque piensan demasiado aunque la ciencia no avale esta teoría)
Ahí fue cuando todos comenzaron a preguntarse:
-¿Qué le pasa a Cuca?
Algo le molestó a ella o a las cucas que nunca se ven, pero que están y dirigen con más fuerzas desde el silencio.
-¿Acaso se convirtió en un trasto inservible? Se preguntaban todas.
(No olvidemos que ellas son de hábito asociado lo cual no quiere decir que mantengan lazos de amistad sincera siquiera entre ellas)
Presurosas, cucas y cuquitas comenzaron a dialogar sobre cuál sería la afortunada que fuera capaz de dirigir a todo el nidal. Era una tarea analítica muy severa, casi ciclópea, nada podía librarse al azar.
Por supuesto, decían, los agrotóxicos que utilizan los humanos, cada día son  más fuertes, ellos alcanzaron grados superlativos de organización y fueron capaces de exterminar todo tipo de vida.
-¡Nosotras también alcanzamos esos grados!, agregó una muy competitiva.

-Hay  que buscar, para el reemplazo, a una cucaracha que ya haya aprobado el examen de mutación, que resista los embates y sea capaz de permanecer inmutable a las nubes tóxicas, dijo la más audaz pero en voz baja.
Tengamos en cuenta que las cucarachas nunca hablan a viva voz para que sus planes conspirativos continúen enroscados dentro del hermetismo ancestral.
-Hay que buscar, incluso, una que resista las más altas dosis de radiación, por las dudas. Hay que cubrirse, pensaban, el hombre está demasiado agresivo y no se puede confiar en él, seguían murmurando dentro del agujero adonde sesionaban.
-Cuca nos arruinó la vida, dijo la cucaracha con mayor desarrollo de espíritu crítico a la que llamaban Critis.
-¿Por qué tanta seguridad? Preguntó un coro de antenas convulsionadas.
-Muy simple, respondió Critis, somos más de cuatro mil quinientas especies, cada una tiene su propia trayectoria. ¿Cómo habremos de ponernos de acuerdo? Hay que conciliar costumbres, tradiciones, conductas socioculturales, agregó. ¿Creen que es tarea fácil?
-¡Esto es absurdo! Dijo otra, exaltada. ¿Vamos a olvidar que nuestro propósito, estemos donde estemos, siempre es el mismo? ¡Chicas, tampoco es el momento de elucubrar fantasías! Agregó mientras se exasperaba más, levantando su dedo índice y apuntando a la masa allí reunida.
Siguió diciendo: -Hagamos una lista de prioridades,  ¡abortemos las ideas que no nos unan porque perjudican nuestro mañana!
Las cucarachas se miraron asombradas.
-¡Qué has dicho! Preguntaron todas espantadas casi como si un demonio hubiera penetrado por el agujero de entrada.
-¡Ohhhhhhh! Repitió el eco durante varios minutos.
-¡Esto ya se desmadró, así es imposible dialogar! respondieron otras.

Se dio por terminada la sesión esa tarde serena en la que parecía que el mundo se había detenido. En el horizonte avanzaba un escuadrón de nubes  de tormenta, pero que no habrían de ser más que el anuncio de chaparrones aislados propios de la época del año. Y de las circunstancias.
-Mañana será otro día, agregó Critis, pensemos que algo, como siempre, se nos va a ocurrir.
-Afuera la noche está llegando, fíjense como las estrellas comienzan a marchar y cada día su brillo parece encandilar mucho más. Hay que seguir trabajando y con mucho cuidado, están en juego nuestras costumbres y debemos crear nuevas fuentes de engaño.
-El hombre,  ya lo vimos, está cada día más agresivo, genera pobreza a pasos acelerados y ya saben ustedes, a los pobres no se les cae ni una miguita ¿De qué vamos a vivir nosotras?
Cuca quedó pensativa mientras su población se encaminaba hacia las cloacas del barrio.


Como me gusta la opalina...




Nechi Dorado

 

 

Me gusta la opalina. No se, tal vez porque es un poco como yo. O yo soy un poco como la opalina. Ya se que esto que te digo va a parecerte loco, pero ¿y qué? ¿Hay mucha cordura en este mundo? ¿Sobra o está como exiliada? Yo diría que la exoneraron, huyó espantada ante tanto doble discurso y ante tanta realidad, abofeteada.

La opalina, a simple vista, no sabés si es plástico o vidrio y si querés comprobarlo tenés que arrimarte mucho. Es ahí cuando dicen poniendo la boca como una O:

 –Qué lindo, ¿es de plástico? ¡Ay no, es opalina, qué belleza!

-¿Y si era plástico qué, no era que te parecía lindo?

-No, sí, pero es opalina ¡No es lo mismo, es mucho mejor, más caro, es de otra calidad!

-No pero sí… Claro que no es lo mismo, es más caro…pero tuviste que tocarlo para sostener que es una belleza.

 

A mi me parece que  soy de opalina, porque nunca  supe si soy feliz de verdad, más o menos, mucho, o poco. Hasta  me confundo a mi misma.

Más bien que, en realidad, nunca supe qué cosa es ser feliz.

Cuando me río, las más de las veces tengo una cosita acá, que es como un nudo y me parece que lo desato un poco cuando empiezo a carcajear. Entonces, busco acordarme de alguna de mis históricas metidas de pata que siempre mueven a risa y es cuando el nudito se suelta. ¡Parece mágico!

Los que me ven de lejos dicen que soy muy fuerte y yo, siento que no lo soy, sin embargo, hasta tuve que creérmelo como para que la vida no termine de aplastarme del todo. ¡Ni ahí!

Pero de tanto que me  dicen “sos tan fuerte”, casi que me convencieron.

Ahí, siento que vuelvo a ser como la opalina. ¿Por qué? Porque confundo.

 

El mundo, las circunstancias que lo conforman, la gente, los gobiernos, los banqueros,  los escritores, los obreros, vos, yo, los docentes  creo que todos somos un poco como de opalina.

Mostramos una cosa, hacemos otra. (a veces las que nos permiten)

Pensamos una cosa, sentimos otra. (eso no pueden impedirlo)

Si no, fijate, te pongo un ejemplo: Cuando te presentan a alguien y te dicen, es el licenciado Tal y vos sabés bien que el tipo, licenciado y todo, es de lo peor, pero tenés que dibujarte una sonrisa y decir con la mayor cara de hipócrita posible, sin que se note:

-Mucho gusto, licenciado, yo soy Cual.

Y sí, tal vez ahí es cuando uno se presenta tal como es.

Cuál.

¿Cuál entre tantos de los que hoy somos simplemente un número?

¿Será la que finge o la que no lo hace? ¿La que  dice “mucho gusto” o la otra, la que por dentro está pensando ¡“m’a qué mucho gusto, si sabemos que sos una remierda, flaco”!

¡Claro! Si el tipo saca un tema y sabés que te sobran argumentos para enrostrarle y te animás porquetehiervelasangreysentísquesetenublalavistaynoaguantáslasganasderesponderleylelargásnomástodoloqueveníasconteniendodesdeel momentoenquefalseastediciendo “mucho gusto, licenciado”, aunque pongas carita de yo no fui, el tipo se dará cuenta de lo que sos realmente. Una persona que vista desde lejos parecía ser de una manera pero en la realidad es de otra.

¡Sos de opalina! hizo falta que se acerquen mucho para darse cuenta de tu verdadero sentimiento, el que tantas veces tenemos que encapsular para no parecer inadaptados ante las leyes de una sociedad pacata. Leyes que siempre vemos que se cumplen a medias.

Las leyes que se crean para una cosa pero que sirven para otras. O sea, para nada. Y en el medio de esa rosca se va asfixiando la verdad.

Imaginate diciéndole a algún “encumbrado” si tuvieras la suerte de que se te cruce: -¡Buenos días, asesino!

O: –¡Buenos días, corrupto!

O: –¡Buenas tardes señor títere ¿hasta cuándo te vas a dejar manejar, tarado?!

Y te morís por preguntarle: ¿en serio te creés que nos creemos que estás interesado por el bienestar de tus compatriotas?

¿O pensás que de verdad nos tragamos tu mentira cuando decís que estás interesado  por alcanzar la paz y multiplicás tu arsenal bélico como para que no vaya a fallarte el tiro de gracia contra la vida?

¿O  pretendés que te creamos cuando lanzás tu sarta de mentiras y tranferís tu verdadero sentimiento, comparable a la materia fecal de los depredadores, tratando de hacer creer que los enemigos son otros?

Los que no soportan tu hipocresía.

¡Es más fácil imaginarte que es lo que no dirán de vos después de semejante sinceridad, que imaginarte lo que sí, dirán!

Mínimamente: ¡es subversiva! Y andá a sacarte después ese rótulo… tratá de conseguir el teléfono de Mandrake.

También pensemos que podes decir, si por ahí te cruzás con alguno de esos sacerdotes  pederastas que bien sabés que sobran por el valle del señor y se te ocurriera  saludarlo:

-Oh, ¡que sorpresa  señor obispo, ¿pudo apaciguar su instinto de pederasta? Y te tenés que morder la lengua para no agregar: ¿Sabés que asco me das, reverendo hdp?

Tenemos que simular ser lo que no somos, a veces, con suerte, conseguimos parecer lo que queremos parecer. Otras, ni siquiera eso nos sale: simular ser lo que a los otros les gustaría que fuéramos.

 

Por eso me gusta la opalina,  me parece versátil, extraña, produce confusión, hasta se me ocurre que desprejuiciada por la facilidad con que engaña y sin complejos ni tabúes.

A diferencia nuestra que somos tan hipócritas que hasta tenemos que autocensurarnos siguiendo las normas de un jueguito auto-defensivo.

Porque el mundo cambió. ¿Te acordás que bastaron dos impactos y decenas de cuerpos volando por los aires para que a alguien se le ocurriera declarar con fuerza de sentencia terminante: “Si no sos como yo es porque estás en contra mío”.

De no serlo, andá preparando un agujero para meterte porque sin ser pitonisa, veo un futuro muy triste sobre tu osamenta.

Por eso te decía al principio, me gusta parecer de opalina, aunque me demande tremendo esfuerzo eso de parecer algo, pero no serlo.

Porque convengamos que el mundo se fue cubriendo de capas plásticas que invadieron hasta los corazones.

Los envolvieron, cambiaron sus latidos, tanto, que ahora el tuyo, el mío, el de los otros, late con un tic tac diferente. Tan diferente que ya ni parece humano.

La opalina, en cambio, sigue sonando como vidrio. Sí, claro que es más delicada, tenés que arrimarte para darte cuenta,  pero ya te lo dijeron, es más hermosa…

 

 

 

viernes, 11 de enero de 2013

¡Bailemos el mañana!




 
(empiezo el año con una sonrisa, lo otro vendrá después, de todos modos...)
A mover las cachas, amigas/os!!!!!!



¡Bailemos el mañana!

Nechi Dorado, ANNCOL-Cultura

¡Ayyy mi madre!…uno que se pasa el día escuchando reguetón
cumbia, salsa, merengue, vallenato,
que le gusta la música de murga. La que te hace mover
y olvidarte de la artrosis y de la osteoporosis.
Al menos por un rato.

Uno que cuando escucha el sonido de bombos y redoblantes
aunque sea en un acto militante
siente que los pies se escapan, se vuelven locos
se agitan y convulsionan.
Parecen querer escapar hacia el epicentro
del bochinche y giran dibujando garabatos locos
en el cemento frío.
Libres, libres, ¡!!!!!libres!!!!!!!!!

Yo, que había olvidado el ritmo del “cheek to cheek”
O baile del“cachetito” cuyo recuerdo apareció hoy
y no me alegró el día. No. No. ¡NOOOO!
Más bien me deprimió, me trajo recuerdos,
removió los cajones donde tengo guardado el ayer
ocupando su verdadero espacio: el del ayer.
Ya fue, hermana, hay que enterrarlo, dejarlo descansar.
Ya fue.

Yo vivo el hoy. Hasta me animo a decirte que
vivo con ganas el mañana
y es más, hasta creo conocerlo. O imaginarlo, al menos.
Y hasta ensayo un saludo para cuando llegue:
“buenos días mañana, yo te abrazo”

Hoy una amiga muy querida me mandó una secuencia
de fotos en power point
con imágenes de ese ayer encajonado por mí.
Te juro que el efecto que recibí al verlo fue demoledor.
Si.
Fue un cajonazo que me despedazó el disco rígido interno.
El correo adjunto tuvo la fuerza de un malware largando
un batallón de ejércitos espías hasta hacerme colapsar el sistema
que se me cayó.
Como se me cayeron las carnes: los párpados, las mejillas, las tetas, las nalgas,
Como se me cayó todo.
Hasta sentí millones de bolitas
De naftalina rodando por mi cuerpo que se helaba
de repente. ¡cheek to cheek!
Me agobió la más cruda realidad.
Yo bailé“cachetito, ergo ¡Estoy vieja!

¡Cómo no me va a deprimir si
hoy, para bailarlo debería apelar a la buena voluntad
de mi perro Piltrafa
Y anda con un aliento medio denso, hace unos días.

Nací anticonvencional, viví a contra marcha,
arremetiendo al tiempo y a lo que llaman destino
como para conformarnos de las cosas que nos pasan.
Y tratan de que comprendamos el “que vamos a hacer,
es el destino”
¡M’a qué destino, hermana! A la imposición la disfrazaron de destino.

¡Pasó el tiempo, que lo parió! ¡Qué-lo-reparió!
Pero nada de“baile del cachetito”, desde hoy
en mi reproductor agregaré a lo antes mencionado,
la “Cumbia filosófica”.
Se baila libre, con tu propio ritmo, como quieras.
Que descanse su sueño el ayer que existió
pero es ayer.
Y hoy es hoy.
Y yo quiero llegar a ser mañana…
Alegre y divertida, sin histerias, sin calmantes, bebiéndome la vida
Día a día.


¡No pierdas. . . !

Bailando mejilla con mejilla M CH (viene anexado en archivo de Powerpoint o entra y descarga en el siguiente enlace):

Los Wikipedia - Cumbia Filosófica